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En España sólo hay dos desfibriladores por cada 100.000 habitantes

Cerca de 53.000 españoles murieron por dolencias cardiovasculares en el año 2015. Un total de 19.029 lo hicieron por insuficiencia cardíaca y 33.769 por enfermedades isquémicas del corazón, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en febrero pasado. Sin embargo en España solo hay dos desfibriladores por cada 10.000 habitantes mientras que en países como Francia tienen 15, según datos de la Sociedad Española de Medicina.

El artículo 43 de la constitución española reconoce el derecho a la protección de la salud. En 2009 el gobierno español dejó en manos de las comunidades autónomas fijar la normativa a seguir para instalar desfibriladores. Solo cuatro hicieron los deberes: Cataluña, País Vasco, Andalucía y Canarias. “Hasta un 75% de los fallecimientos por paro cardiaco podrían evitarse si fueran atendidos rápidamente con desfibriladores. De hecho en muchos países europeos y americanos es obligatorio desde hace años que los establecimientos tengan estos aparatos electrónicos”, alerta Quel Esteve, director general de Cardiosafe, empresa de cardioprotección creada en 2008 y con sedes en Girona, Madrid y Sevilla.

Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, las grandes y medianas empresas y el sector hotelero han sido los más sensibles con la salud cardiovascular de sus empleados o clientes, respectivamente. “Esto ha sido posible, en parte, a los avances tecnológicos que han permitido la instalación de desfibriladores semiautomáticos que pueden utilizar fácilmente los trabajadores”, explica Esteve. Esta sensibilidad también se ha extendido en los últimos dos años entre los colegios profesionales. “Colegios como el de odontólogos o ingenieros de Cataluña, el de abogados de Córdoba o el de médicos de Baleares han instalado desfibriladores en sus instalaciones”, concreta el director general de Cardiosafe.

Para facilitar aún más la utilización de estos aparatos, en los últimos seis años el sector ha desarrollado un desfibrilador que funciona con wifi. El aparato, llamado LIFEPAK CR2, ya se ha instalado este año en más de 200 empresas, la mayoría hoteles, sobre todo de las islas Baleares. Cuando se utiliza, el desfibrilador envía los datos de la persona que sufre la parada a cualquier centro médico vía correo electrónico. “De esta manera los médicos pueden actuar con más rapidez cuando la víctima llega al hospital”, explica Francisco Carmona, médico del Sistema de Emergencias Médicas (SEM). Además es el único que analiza el ritmo cardíaco sin necesidad de detener el masaje. “Esto hace que se multipliquen las posibilidades de supervivencia del paciente”, puntualiza el médico. Otra de las novedades tecnológicas -añade- es que el mismo aparato hace su propia revisión de forma periódica y envía un aviso si hay alguna avería.

Ambos expertos dejan claro que tanto la rapidez como la tecnología son claves para salvar la vida de alguien que sufre un paro cardíaco. Si se utiliza el desfibrilador durante los primeros cinco minutos la tasa de supervivencia puede llegar al 75%. Cada minuto de retraso la probabilidad se reduce hasta un 10%.